“Truchon de 8 Kilos 200 gramos con mosca”

Una excelente historia de un pionero de la pesca con mosca en Argentina que tomé del foro de Pesca y Devolución. Esta muy bien escrito y tiene un sutil sentido del humor que les va a encantar a todos. Espero que la disfruten.

Cuentito para leer en la cama, sólo o muy bien acompañado.

Por: Mono Villa.

Publicado: Revista Weekend N° 33 (Junio de 1975) Ediciones Fobera, hoy Ed. Perfil SA-.

“Francamente si era tibia o fría la mañana… no recuerdo, ni me importa. Había sol. El viento chileno doblando el fin de los álamos, corría suavemente. Volví a cerrar la ventana y miré el desorden de mi cuarto.
Debía dejar la catrera, afeitarme, disfrazarme de guía y a la ruta!
“Raúl…me hace el favor de cortarme seis bifes para impresionar a estos dos gringos…” Mi carnicero favorito me alcanzó un mate amargo, pues del azúcar ni noticias hace tiempo. “¿Don Villa…, está bien así?”.  Se hamacó la balanza y su fiel se clavó en los tres kilos. “Muchacho…, sos un genio!”. Uno de los gringos preguntó: “¿Cuántos mas vienen?”

Arranqué mi fabulos Mercury 41 con su motor Padovani, estilo T.C. Roncaron los ocho y un agradable sonar blanqueó los dos escapes. Prendí el radio mientras los dos clientes se acomodaron en el mullido asiento delantero. Uno era sudafricano –Lucky Cooper-, simpático y muy inteligente. Tenía 65 pirulos y se mantenía soltero. Según sus propias palabras, era un especialista en viudas de amigos suyos capotados. Trabajó de ingeniero en minas de oro, hasta jubilarse y seguía siendo minero. ¡La cabra al monte tira! Body Deel era el otro. Americano forrado en verdes y con todas las lámparas prendidas. Ambos, señores.

La tremenda coupé importada avanzó como un tanque, rumbo a la boca del Río Chimihuin. Paramos a sacar fotos a caranchos, chimangos, paisajes y el volcán Lanín. Al llegar a la tan manoseada boca… mas fotos y de cualquier ángulo.

Luky comentó: “ Cómo es posible pescar con cuchara…, esto fue creado para mosca…, único en el mundo.., un paraíso… deben conservarlo…”. Agarré un papel y le di la dirección de Sapag. “Escríbale, seguro que te hace caso”!

Un café y arrancamos de nuevo. Rato después, frente al parabrisas de mi carromato, apareció un espléndido y noble río. El “pool” de Frank Sinatra recibía entre sus brazos un atropellado correr de aguas rodando por piedras paradas y redondeadas. Al bajarme me quedé mirando lo bonito.

El poeta diría: “…la espuma transparente como velo de novia casta, bajaba a besar sus frescas nalgas, mientras la doncella entonó un canto celestial…”. ¡No! ¡No!… ¡Era agua viva, rápida, ágil y su ruido fuerte con garra de rió macho! Los gringos con las manos en la cintura, observaban petrificados e inmóviles. Parecían legos. Esa paz eterna, de siglos, venía hacia nosotros por sus tres direcciones, en forma de rayos de felicidad.

“Muchachos a laburar… si quieren sacar algún pescado para almorzar”. Volvieron al mundo, armaron sus equipos, se despidieron con un ademán y salió uno para cada lado.
Junté una ramas (por supuesto SECAS, sino no arden ¡salame!) y armé un fueguito, bajo el manzano. Cacé el cogote del Rincón Famoso y le hice sonar el corcho. Incliné el vidrio, entró el tinto por mi boca y pasó a decorar mi camisa. Sabía bien… le di de nuevo. Mi hígado está amaestrado.
Almorzamos entre cuentos y mentiras. Fresco y batata. Café y panza arriba.
¡¡ Vida dura!!

Tirado en el pasto, por entre las ramas del viejo manzano, vi pasar el cielo y una larga fila de seres humanos equivocados. Cargaban armas y distintas banderas. Ricos y pobres con caras tristes. Irían hacía el progreso… ¿digo yo?

El D-C-4 escondido en la garganta de Luky me despertó, justo cuando le había destrabado el cierre relámpago a Raquel Welch.
Revisaron sus cañas y a la guerra, ¡deporte de reyes! “Che, boys…, ¿no quieren hacer un tirito aquí en frente?… es un lindo pozón…, si les parece…” Ambos se consultaron y Body se dirigió a mí. “George.., you fish here.”

Me dejaron un corto sector de cien metros. Muy atentos… si tenemos en cuenta la cifra que les sacudo por día. Su amabilidad me permitía pasar el atardecer pescando. Primero ordené el auto. El plumero tiró afuera media hectárea de tierra, papeles y puchos. Revisé el agua y aceite; al pelo. “¡Sos un autazo viejo! ¡CONSTRUIDO por idiotas en Detroit!”.

Un trago de menta “Bols” y un cigarrillo de cajita floreada. Aliñé mi caña, ajusté el reel, medias de lana y me puse waders verdolagas moteados de parches coloraditos. Ahora mi chaleco bien payaso que tengo y ¡al agua pato!

Entré arriba de la corredera para cubrir su cola, aparentemente muy profunda. Ese “run” siempre fue un misterio, jamás dio un bicho como la gente.

Até una marabú mudler negra. Primer cast; estilo Brooks. Perfecto. Salvo la parte final. Para sacarla del Ciprés, le di vario tirones. Quedó en la orilla opuesta, bien colgadita. Saqué otra, tan linda como Liza Minelli. “¡ojala te pierda lo antes posible!”. Pasó cerca del ciprés, rozándolo. Entro cruzada a la corriente, hizo la curva acostumbrada y la traje a tirones bruscos. A lo bestia… tiene sus efectos.

Recordé el origen de ese puñado de pelos artificiales, atados para cubrir el anzuelo. Con el animal de Jim Teeny, en el sótano de su casita por los suburbios de Pórtland, la había armado con tiempo y paciencia. Terminada se la mostré a Jim… se rió media hora“. George… si agarras un “big josesito” con esa no es pesca… ¡es suicidio!”.
La mosca voló nuevamente a la margen opuesta con más fe. La vi desaparecer en el agua escondiendo su derrape. Sus segundos de vida buscaron el engaño de ojos astutos, perdida su acción, sería otra vez mosca muerta.

Un ligero toque sacudió mi ornamenta. Casi simultáneamente otro. La trucha tenía la mosca en la boca, dos cabezazos y a llevar el manjar al fondo. Sin la más mínima preocupación, total…

¡Ella era un camión! Vino el tercer tirón ya en serio. Le di un saque seco a la caña como para arrancarle la mandíbula a un burro. La línea se aflojo y trate de entrarla rápidamente con mi mano izquierda. Pareció caer el telón. “Se me fue… se tomó el buque… ¡tu abuela muerta!”. El filamento plástico volvió a tensarse. “¡A la flauta!” Ya tenía la caña en la mano izquierda cuando recibí la explosión. “¡Mi madre!” iba río abajo, por el medio, ¡a mil! Íntimamente pensé si no sería uno de mis clientes ahogado y enganchado en el chaleco, arrastrado por la turbulencia. El año pasado se me cayeron tres.

El sonido del reel dejó de ser “música” y se tornó espantoso. El pálido hilo del backing se desenrollaba a toda velocidad. En estos casos, uno siempre se pregunta lo mismo: ¡qué sonará primero?

Sólo aquél por entonces pez sabe por qué detuvo instantáneamente su vertiginosa carrera acuática. Lucky, torpemente y a los tumbos, corría por entre las piedras de la costa. La vieja Leica pendía de su cuello quitándole el equilibrio. El solteron, tan mañiero como gracioso, quería tomar una foto de cerca, aún si su precio era un hueso roto.
Cuesta recordar lo sucedido siendo protagonista del baile.

El hilo y yo éramos un flan. Mi trofeo ya remontaba el río, buscando una salida elegante a su libertad. Tomaría distancia, aprovecharía la corriente, quemaría un buen cartucho, un solo golpe serio de su cabeza, volaría el fusible de mi leader, tan cerca de su boca. Junté la línea a los manotazos. En ese momento la situación era esta: el agua hasta las rodillas, pila de nervios y por entre mis piernas el hilo era un plato de tallarines de los de Tempone´s. ¡La gran galleta! Ya vino el segundo viaje hacía abajo y se agrandó el río. La corrida fue tipo tren. Lenta e imparable. El agua debe de haber obrado como un angelito y la tremenda galleta se desvaneció antes de llegar al primer pasador. Pulseamos nuestras fuerzas, uno de cada lado. Varios y eternos minutos. La línea temblaba por el paso de la correntada. A mi amiguita de la otra punta se le ponía el caldo espeso.

Por primera vez traté de tomar la manija del reel. Tanteé, nada. De nuevo y sin resultado. No se puede haber caído, ¡justo ahora! Ya sé, me la achacó Julito Roca…, a él le faltaba una…, gandul… ¡Pequeño saltamontes reventado!

Volví a la realidad. Ese reel era un regalo de Howard West, cipayito zurdo de mano y no de ideas. La caña a la mano derecha y un tope negro brotó del brillante plato. ¡Mi manija! ¡Fenómeno! ¡Salvado el hombre!
El “click” amortiguado de la máquina fotográfica de Body sonó a mis espaldas, y recuerdo ahora sus palabras: “¡Una gran trucha… y un gran maestro…, siempre quise verlo…, vale la pena!”. Para mis adentros pensé cuál sería el gran maestro, maestro hay uno solo… ¡Anchorena… el resto son papas fritas!

Los minutos se arrastraban y nadie podía medirlos. De pronto el magnifico ejemplar subió a la superficie. Hizo un borbollón como si lo tiraran al Gordo Porcel al agua. ¡Tamaño baño! ¡Tenía un lomo como el de Violeta Montenegro! ¡Un piano con cola y todo! Los pensamientos más raros rebotaron entre las paredes del mate. Más –poco a poco- las palabras de mi maestro se oían claras entre los silencios de mi corazón sin ritmo. “…Paciencia…, tómate tu tiempo…, atento…, sin apuros…, guarda…, ¡a lo bruto no…! despacio…”.

Pero todo en la vida llega, hasta la lejana muerte. La trucha y yo nos vimos. El pescador y su presa; cara a cara. Ella ganó el medio del río y yo casi me caigo de traste, por no decir otras palabras.

Nada cedía ni se cortaba y en el esplendor de la batalla, mi amigo, agotado, se rendía silenciosamente. Sus energías se consumían y un puñado de reservas quedó para jugar una única carta final. La mano venía mal.

Cerca vi rolar su cuerpo. Decidí sacarla. Entre unas rocas se abría un abanico de arena sucia y barro. Pisando cautelosamente llegué hasta el lugar. No era ideal, tampoco existía otro. Me afirmé. Me afirmé a la caña y un movimiento lateral dejó un heroico sable negro y plateado a flor de agua. El drama no se hizo esperar. Un salto, otro y tres más seguidos. ¡De vuelta al agua! ¡Que horror! Nudos queridos… ¡Aguanten! ¡Animo!

Vano fue el intento de huir. Goberné la situación, sin perder contacto con mi elefante, lo arrimé por segunda vez. ¡Nadie sabe cómo!
Sin saber lo sucedido, permanecía inmóvil tirada en la costa. Mojé mi mano y la tomé de las agallas. Mis dedos formaron rígidas rejas frente a su libertad.

Era una hembra muy bonita, la más linda del río y la más hermosa de mi vida.

Body calzó el fino gancho de su balanza en su mandíbula y la raya de bronce se detuvo en las 18 libras. Ocho kilos doscientos gramos pesó mi marrón. Espió el sol detrás del cerro y ya no sopló.

Sin imitar luchas romanas, pregunté a mis únicos espectadores: “señores…, ¿la devuelvo?” Lucky, ronco en su correcto inglés, gruñó: ”Sangra de una agalla… no logrará vivir mas, justo será matarla”.

Una cinta púrpura recorrió por mi pulsera de cobre y tiñó mi muñeca. Mi mano trajo la muerte y el teatro se cubrió de sombras.

Perdí la oportunidad de salir del mundo…, era un pescador común. Lamentablemente. ¡Un pescador sin alegrías!

En la hostería llovieron apretones de manos y abrazos. Felicitaciones sinceras e incrédulas.

Me tomé un whisky por cada amigo y al brindar por mi maestro, Luky y Body ya me cargaban a mi cuarto, con las patas para adelante.

La nueva mañana me recibió con un hacha en el mate. Bajé la escalera y vi el comedor. El bar no estaba solo, había un viejo parado. Sin arrugas y amarillo. Pude verlo mejor. El viejo parecía de vidrio. ¡Sí! ¡Sí…! ¡lo era! ¡MI VIEJO CONTRABANDISTA! (Old Smuggler) Lo puse cabeza abajo y lo sacudí sobre un vaso. Le metí dos cubitos y… ¡por mi maestro!

MORALEJA: ¡GRAN INVENTO LA ASPIRINA!

Un pequeño final para monologar con mi lector, incrédulo amigo, dudando de mi cuentito. Si las fotografías no fueran suficientes, mis dos testigos están vivos:

– Alfred Cooper, P.O. Box 476, Johannesubrg 2000, South Africa.

– Boyd Deel, P.O. Box 5507, San José Calif 95150, U.S.A.

Ambos saben escribir… ¿y Ud.?

FIN

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Un pensamiento en ““Truchon de 8 Kilos 200 gramos con mosca”

  1. que bueno leer cosas que me llenan de recuerdos. La idea es armar una reunion de pescadores la semana de pascua en Junin de Los Andes ¨Mono Villa Weekj¨necesito apoyo.
    Abrazo a todos los pecadores.
    Salu2
    Pancho Villa

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